miércoles, 16 de julio de 2014

Memorias del suicida

El suicida piensa así, siempre con la alternativa en puertas. El suicida no tolera el fracaso, por eso la más nimia falla puede resucitar la idea, porque una vez que la idea germinó siempre está latente. Pero la nimiedad sólo puede impulsar la idea, no el acto. Para eso hace falta más, porque en verdad el suicida tiene miedo, sino ya se habría suicidado o, al menos, lo intentaría una y otra vez. El suicida tiene miedo de la vastedad, de la inmensidad de la muerte, del no saber. Por eso vive con la idea que lo carcome desde adentro, sin poder llevarla a cabo. En un punto es tranquilizador, en un punto angustiante. Lo que lo angustia es no poder tener la vida que quiere pero no encontrar solución mejor que esa, lo angustia no saber pedir ayuda y tener que recurrir a la dramática decisión. Lo angustia sentir que no lo van a entender, que lo van a juzgar. La tranquilidad es la otra cara de la moneda, el saber que existe esa última alternativa cuando la angustia se convierta en él.
El suicida puede ser de dos maneras, mostrar a las claras con sus actitudes que es un suicida potencial o disimularlo, armarse una pantalla que sólo deje ver un lado de él, ese lado que sí quiere vivir. Por momentos su otro lado se filtra, es inevitable, pero hará todo lo posible por soslayarlo para que nadie perciba la idea que lentamente va creciendo en él.

El suicida vive en lucha permanente, todo se reduce a quién la gana. 

martes, 8 de julio de 2014

La eterna espera

Un día se levantó y fue a una esquina. No una cualquiera, una esquina específica. No la más linda, no la más vistosa. A simple vista nadie diría que fuera una esquina especial. Pero, tal y como decía Antoine, lo esencial es invisible a los ojos. Ni bien se paró en esa esquinita se sintió como un cronopio…“un dibujo fuera del margen” era, ¿no? Sí, esa descripción tenía algo. Y ahí estaba, como un cronopio, esperando no sabía muy bien qué, pecando de idealismo, ese idealismo que siempre se esforzaba tanto por tapar, por ahogar. Y estrangulando su idealismo se volvía tan racional que también le molestaba. Ese día decidió que no, que esta vez el miedo no lo iba a paralizar. Porque ahí, bien en el fondo, sabía que racionalizaba para sentirse seguro. La noche anterior, en sueños, lo había visto clarito: México y Combate de los Pozos. Sí, nítidamente, pero nada más. Sólo esa esquina. No sabía porqué estaba ahí, no le importaba, sabía con certeza que cuando pasara lo que tenía que pasar iba ser claro que eso era lo que estaba esperando. Como el escritor que va creando un relato sin saber cómo va a terminar, con la conciencia de que, cuando llegue el momento, la conclusión va a aparecer, casi como por arte de magia.
Los minutos transcurrían. Esperaba. Las personas pasaban. Lo miraban. Al rato, la inseguridad ya empezaba a asestarlo como una lanza filosa que se va clavando lentamente, perforando despacio, desgarrando. Y después de la inseguridad, la ansiedad. O las dos cosas juntas. Nunca sabía cómo manejarla. Una y otra vez le daba batalla y una y otra vez la perdía. La ansiedad era él, como el zapallo que se hizo cosmos cubría cada fibra de su ser, lo ocupaba, lo dominaba.

A menudo pensaba que la vida te puede cambiar en un instante, pero luego se sacudía esas ideas y pensaba que la vida no cambia, o al menos no como en las series y películas. Los cambios no son abruptos ni tan emocionantes, al menos no los cambios buenos. Eso lo deprimía, pensar en ese continuo infinito, en los días que transcurren sin ningún sobresalto, sin ninguna emoción. Y ahí, la ansiedad. ¿Será por eso que estaba allí? Por esa pequeña, diminuta ilusión de algo inesperado. La espera de algo sorpresivo, de algo distinto que lo hiciera salir de ese letargo. Y en ese momento, en ese preciso instante, lo vio. Ahí estaba, pasando frente a sus ojos, ¿cómo lo sabía? No tenía idea, pero lo sabía. Sabía que eso, en la esquina de enfrente, eso era su distinto, su cambio, su inesperado. No lo pensó más, no fuera cosa de que se le escapara de las manos como el agua. Puso un pie en el cordón, y avanzó.

martes, 1 de abril de 2014

Despacito, despacito

Hay que tener cuidado. Hay que tener cuidado porque, de repente, te podés mirar a vos mismo y darte cuenta que te convertiste en un derechoso, en un intento de facista del tercer mundo. Va pasando de a poco, es paulatino, como todo cambio. De a poquito, de a poquito, vas cambiando casi sin darte cuenta. Un día conseguiste un mejor laburo, nunca te faltó nada, no, pero tampoco te sobraba. Y ahora, de golpe, te sobra. Es fruto de tu trabajo, sí, eso nadie lo discute -porque hay otros que ni trabajan y les sobra, eso sí, porque tuvieron la gracia de nacer bien acomodados-, pero te sobra. Y como te sobra te comprás cosas lindas, que es todo tu derecho, te comprás cosas lindas y te encariñás. Y de repente te vas alejando, paso a paso, de aquel que eras, de aquel que recordaba la humildad, el que recordaba lo que es tener lo necesario y punto. Y a medida que pasa el tiempo te olvidás de esas ideas que tenías, de esas ideas de que en el fondo todos somos iguales, de que algunos tuvieron la mala suerte de nacer en un lugar desprovisto de oportunidades. Te olvidás de lo que te dolía ver a otros estigmatizados, porque ahora que sos un pibe educado sabés lo que quiere decir "estigmatizar". Y de a poco te va importando cada vez más lo que tenés y cada vez menos los demás. Te vas justificando con el saber popular de que todo lo que tenés lo merecés y si tenés lo que merecés, ¿no será que los pobres tienen lo que merecen? Tu círculo nuevo festeja tus ideas de la vieja escuela, y en su festejo encontrás tu reafirmación. Y ahí fue otro paso que diste. 
Ya pasaron años, años de lejanía con aquello que creías, aquello de comprender el contexto social. ¿Por qué no podés vivir tranquilo en tu linda casa y con tus lindas cosas? Rodeado de gente que te dio apoyo y cariño. ¿Por qué antes te obligabas a pensar en todos esos pibes que no tuvieron la contención que vos tuviste? Si no es tu responsabilidad. No, no es tu responsabilidad, es del Estado, porque vos sos un simple individuo, no sos el Estado. Y, como puede ponerte en un aprieto, elegís no pensar qué corno es el Estado.
Ahora ya tenés una posición consolidada, lejos de aquellos paisajes feos y sucios porque, ¿por qué tenés que contaminar tu vista con la suciedad ajena? Vos querés vivir bien. Hoy ya no te importa si es justo o no, tenés lo que tenés y las cosas son como son y para el que no funcionan, bueno, mala suerte. Si a vos no te regalaron nada, ¿porque tenés que regalarle con tus impuestos -no importa si casi toda tu vida el Estado te subsidió las tarifas- educación y salud a los que no tienen?¿Qué hicieron ellos a caso?¿A vos te regalaron algo?.
Y un día, un día te quieren tocar eso que para vos es tan preciado, tu billetera. Ah, no, todo tiene un límite. ¿TU BILLETERA?¿pero cómo se van a meter con algo tan tuyo? No, ya estás cansado de ver en la televisión asaltos, estás cansado de ver que entren por una puerta y salgan por otra. En otros tiempos tal vez te hubieras detenido a pensar que correspondería a las instituciones darte una respuesta y los mandatarios a quienes, en ese entonces -porque ahora ya casi que no te importa- habías elegido con la esperanza de que bregaran por una sociedad más equitativa, que de una vez y por todas se ocuparan del hambre y la pobreza, porque en ese entonces te dabas cuenta que esa era la única posibilidad para vivir tranquilo. Que todos vivieran con salud y educación. En ese momento hubieras pensado que correspondía reclamar a los representantes del voto popular que se ocuparan de mejorar las instituciones y los poderes, para que todo no fuera una joda. Porque en ese momento todavía recordabas, además de los robos, los abusos de poder, los secuestros por parte de las fuerzas de seguridad, y tantas otras cosas más. Pero hoy no, hoy pensás que no tiene sentido reclamar, que igual todo va a seguir así, y que ese que te tocó tu hermosa billetera mañana te puede robar la nueva que hayas adquirido, o robarle a tu hermana. Y entonces decidís hacer la única cosa que crees posible y que, además, crees que es tu derecho absoluto: matarlo a patadas.


Escribo esto con mucho dolor por los acontecimientos que ocurrieron estos días, con dolor por los ataques y por ver la justificación de gran parte de la sociedad. Con el dolor de ver que para algunos la vida no vale nada. Con el dolor de ver que la sociedad se disgregue. Está en nosotros mejorar esta sociedad, está en nosotros reclamar y denunciar, reclamar justicia y reclamar instituciones transparentes y al servicio del pueblo y no de la guita. Pero no está en nosotros, jamás, el dar cuenta de una vida, sea la de quien sea.

domingo, 30 de marzo de 2014

Cinco años sin Luciano

Pasa el tiempo y no pasa nada. Comparto la carta abierta de Vanesa Orieta (hermana de Luciano) a Luciano:


"CARTA ABIERTA A LUCIANO"

* Por Vanesa Orieta 

Cuando a los 45 días de tu desaparición alguien se decide a hablar y me cuenta que habías sido detenido y golpeado, que te habían visto prácticamente muerto en el ex destacamento policial de Lomas del Mirador, no me sorprendió lo que decía quien luego se convertiría en testigo de identidad reservada, y acto seguido, en un testigo atemorizado por las amenazas. Una vez terminado el relato corrimos con la petisa, las dos entramos a esa casa inaugurada como destacamento en el 2007. Nos atendió Herrera y nos invitó a entrar a su oficina. Sin poder controlarme, lo primero que salió de mi boca fue: “Devuélvanme a mi hermano, sé que ustedes lo detuvieron y lo golpearon, devuélvanmelo ahora porque los voy a hacer mierda”. Después de algunos cruces de palabras, nos dejó en su oficina. Sobre el escritorio quedaría un arma y dos balas. Con la petisa nos miramos y sin decir una palabra entendimos todo, supimos que ellos no iban a devolverte, y que el camino por justicia a partir de ese momento lo construiríamos nosotros, tus familiares y amigos.

La justicia que tiene oficinas, fiscales y jueces, en esta causa nunca existió. Durante los primeros 45 días exigíamos a la fiscal Roxana Castelli que investigara a la Bonaerense, pero le otorgó la investigación del caso a ese organismo. Vendría el escondimiento de pruebas, las amenazas a testigos, a tu familia y amigos, y por qué no, el ocultamiento definitivo de tu cuerpo. Así, nos alejábamos de la verdad. Mientras tanto, seguíamos golpeando puertas de funcionarios que lejos de entender este caso como hecho grave de violencia institucional, se preocupaban por distinguir cuán opositora podía ser yo. Más opositora tu hermana, más se iban deshumanizando, convirtiéndose en los peores opositores a la memoria, la verdad y la justicia.

Las visitas a las oficinas de funcionarios políticos y judiciales con poder de decisión, sólo endurecerían mi mensaje a favor de la vida y en defensa de los derechos humanos de pibes y pibas de los barrios humildes como vos. Escuchar una verdad que se pretende invisibilizar molestaría a “militantes”, doctores y licenciados. Hablar de tu causa como ejemplo de una problemática terminaría con nosotros echados, ninguneados, discriminados, maltratados y todos los “ados” que se imaginen. Nos tuvimos que hacer fuertes en la discusión, levantar la mirada, hablar con firmeza y exigir nuestro derecho como víctimas sin sentir que nos estaban haciendo ningún favor, sin sentirnos opositores, sin sentir cómo pretendían hacernos creer que denunciando esta causa, jugábamos para la derecha. Tuvimos que aprender entre muchas otras cosas a tener cintura política, porque aunque suene triste, ese es el juego perverso de este sistema mezquino.

Luego de Castelli vendría la fiscal Celia Cejas, ella junto al juez Gustavo Banco darían lugar a la segunda etapa de impunidad. En vez de investigar a la Policía por tu desaparición, nos investigarían a nosotros, las víctimas. Así fue como mi teléfono, junto con el de mi vieja y abuela serían pinchados. Durante un año y medio se metieron en nuestra privacidad, nos investigaron, nos criminalizaron, dejaron pasar el tiempo, 4 años en los cuales se intentó por sobre todas las cosas desgastar a tu familia. Nosotros sufrimos hasta el día de hoy la tortura psicológica de no saber la verdad, de no poder acceder a una justicia que investigue, castigue y al mismo tiempo nos libere de la incertidumbre de no saber dónde estás.

Castelli, Cejas y el juez Banco afrontarán un jury de enjuiciamiento por faltar a los deberes de funcionarios públicos y violar los derechos de tu familia como víctimas que en vida buscan justicia. Ellos junto a Scioli, Casal, Stornelli, Espinoza, Arcidiacono y toda la basura política son los responsables de muchos años de desidia e impunidad. Ellos son los responsables de que tu desaparición se consolide. Y si hoy Herrera, el mismo que dejó esas balas sobre su escritorio, tiene en su poder herramientas jurídicas que lo amparan para volver a trabajar en la fuerza, es por el nulo compromiso asumido por estos funcionarios.

Fecter, Sotelo, Monte, Vázquez, Márquez, Díaz, Herrera, Zeliz… Ellos saben la verdad. Ellos son los mismos que nos amenazaban cuando estábamos realmente solos, cuando la Justicia y la política se asociaban para silenciarnos. Ellos son los que adulteraron el libro de guardia del destacamento, los que se mantuvieron estacionados en el monte Dorrego durante varias horas la madrugada del 31 de enero de 2009, donde un perro detectaría tus restos. Ellos son los que manejaban el patrullero que salió de jurisdicción la madrugada que desapareciste. Ellos son los que lavaban un patrullero, también detectado por un perro que buscaba tus restos, en la cara de la fiscal Cejas, cuando debía hacerse una investigación judicial. Ellos son los que mintieron en su declaración. Estos delitos, junto a otros, son las pistas que fundamentan nuestra hipótesis de que ellos te desaparecieron.

Después de 4 años de impunidad logramos junto a los abogados sacar la causa de la Justicia provincial. Al federalizarse cambió la carátula; lo que antes era considerado una simple averiguación de paradero se transformaba a partir de marzo de 2013 en DESAPARICIÓN FORZADA DE PERSONA. Y si bien esto no es más que un título, el peso es grande, como grande será la mancha en la conciencia de muchos y muchas. Porque la presión de esta lucha va dejando en evidencia a aquellos que intentan ocultar, silenciar o deslegitimar, y tendrán que ubicarse de un lado o del otro, porque los derechos humanos se defienden o se violan, no hay puntos medios. Y para defenderlos, primero tenemos que dejar de ser simples soldados respondiendo a la voz de mando, para pasar a ser actores con memoria activa, crítica y humana; para dar lugar a las voces que quieren ser silenciadas, para sacar a la luz la verdad y de ese modo acceder a una real y total justicia. 

Por vos, Lu, por los 200 desaparecidos y los 4000 asesinados por las diferentes Fuerzas de Seguridad en democracia, gritamos fuerte: ¡NUNCA MÁS!

* Hermana de Luciano Arruga y de todos nosotros.

martes, 25 de marzo de 2014

Los años pasan, el dolor queda




Ayer, como espero que todos sepan, se cumplieron 38 años del último golpe militar. Como siempre, amerita una reflexión. Esta mañana me preguntaba cómo puede haber personas que digan que hay que dejar el pasado atrás y preocuparnos por ahora y el futuro. Como si el pasado no tuviera nada que ver en todo esto. Como si hubiéramos salido de un repollo. Esa gente no tiene corazón. Pensar y preocuparnos por lo que pasó no nos estanca, todo lo contrario, nos hace valorar y defender nuestro derecho a poder expresarnos sin ser secuestrados, nos hace responsabilizarnos de mantener y luchar por defender lo que nuestros compañeros desaparecidos hicieron para que hoy en día podamos tener una mejor sociedad. Y creo entonces que, considerando que ellos murieron y fueron torturados por algo tan básico (y tan importante) como defender la democracia y la libertad de expresión, que eran causas muy poco individualistas, es una falta de respeto a su memoria plantear tal imbecilidad. Yo les sugiero a tales personas que se tomen el tiempo de asistir a alguna audiencia por alguna de las causas de lesa humanidad (que son abiertas) a ver si después de escuchar los (doy fe de ello) desgarradores testimonios de los sobrevivientes pueden seguir diciendo eso. Les sugiero también que se tomen el tiempo de ir a la ex ESMA para poder ponerse un poquito en la piel de quienes fueron secuestrados y torturados allí. Además, por ejemplo, pueden aprovechar para ir al centro cultural de la memoria Haroldo Conti (que se encuentra en uno de los espacios de la ex ESMA) que suelen tener muestras muy interesantes. El año pasado vi allí un video que mostraba a familiares yendo a recuperar restos encontrados e identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Realmente era terrible la situación, verlos llorando y despidiendo a unos huesos. ¿Por qué lo digo? Porque me di cuenta de que a esas personas no sólo les habían robado a su hijo/tío/primo/etc. sino que, además, les quitaron la posibilidad de hacer su duelo. Y ahí comprendí a fondo la crueldad extrema de lo que hicieron esos genocidas hijos de mil putas, no sólo torturaron, mataron, y robaron a sus hijos, sino que tuvieron a familias enteras (y aún las tienen) con ese dolor en el corazón de aquel que no puede ni siquiera despedir a sus muertos, de aquel que ni siquiera puede terminar de confirmar lo que tanto teme. Porque si los mataban era terrible pero no era lo mismo que desaparecerlos, y eso bien lo sabían. Porque no era la misma incertidumbre, el mismo terror, ni el mismo dolor. Y encima hasta el día de hoy, 38 años después, siguen guardando el secreto de muchísimas cosas que hicieron. ¿Cómo podemos pedirle a esas personas que olviden? No, no está bien olvidar, hay que seguir exigiendo justicia, la justicia que se merecen todos nuestros compañeros y sus familias. Todavía falta muchísimo por hacer.
Pero ojo, lo que sí creo es que tampoco podemos hacer la vista gorda de todo lo que aún, desgraciadamente, sigue ocurriendo. Porque este 24 de marzo, nos encontró (como hace años) sin Luciano, sin Julio, sin Marita, y sin tantos más. Porque, aún hoy, como en ese momento, las fuerzas represivas se dan el lujo de secuestrar personas y desaparecerlas y, para lo que deberían estar, no lo hacen. Porque no hicieron nada para evitar la muerte de Kevin Molina, porque para defender las vidas de los pobres no hacen absolutamente nada. Cuando no los usan (como a Luciano), los dejan morir sin piedad. Porque no hay que perder de vista que estas fuerzas siguen siendo el brazo armado del Estado. Porque no podemos dejar de lado la responsabilidad de políticos y de la policía en el secuestro y tráfico de mujeres. Porque hoy, 38 años después de una dictadura brutal, siguen habiendo chicas secuestradas y martirizadas, y esto es intolerable.

Y por ellos, por nuestros muertos y desaparecidos en democracia, también hay que seguir exigiendo.

jueves, 6 de febrero de 2014

Por ahí un día las cosas cambien

Lunes a la mañana. Bien tempranito. Martín dice que ya debe estar empezando a bajar la gente para trabajar. A mi me gustaría quedarme un rato más acá en el rinconcito. Pero no, si no empezamos ya desde esta hora no llegamos a juntar para la comida. Todavía me acuerdo cuando iba al colegio, cuando tenía amigos y jugaba en el recreo. Parece que hubiera sido hace mil pero, en realidad, fueron un par de años nomás. Yo no sé si el gordo o el negro se acordarán de mí, si pensarán "¿en qué andará éste?". Lo que sí sé es que la gente que me ve en el subte a la noche ni un poquito piensa en mí. Pero yo sí pienso en todos. Martín dice que no sirve de nada, pero a mi me gusta imaginarme otras cosas. Me gusta pensar sobre todo en mi papá. En realidad de mi papá no me acuerdo, pero me imagino a Tito, el de la panadería, que siempre nos hace la segunda y nos tira alguna medialuna. A él lo pongo como mi papá en mis fantasías.

A veces voy por Plaza de Mayo, siempre ando por el centro, pero en la plaza no tanto. La gente cree que voy a punguear. Ya sé que tengo la pinta pero yo voy a sentarme y mirar. Miro la gente de traje, miro los extranjeros, miro las palomas y ahí pienso. Pienso que por ahí un día las cosas cambien.
Martín se da cuenta que me estoy yendo de nuevo y me da un bife, "a ver nene dale, dejate de delirarla que sino hoy no morfamos". Ahora viene el versito de siempre que me da pie y empiezo con lo único que se me da bien. Eso y aguantar el hambre y las horas. A mí me gusta concentrarme con las pelotitas, yo sé que nadie me está mirando de verdad, pero no me importa, no me importa que piensen que quiero unos mangos para el paco, ni que mis viejos me mandan a buscar la guita. Lo único que me importa es que no se me caiga ninguna. Pero ahí está, por más que me concentro siempre alguna se me va. Corro a buscarla, no quiero que se vaya abajo del asiento de alguien. Pero no, se fué para el pie de un pibe que está ahí parado donde termina el vagón.

No llegué a agacharme, el flaco la levantó, me miró a los ojos, me sonrió y me la dió. No pude decir mucho más que un gracias y devolverle la sonrisa . No sé en realidad qué se dice en un momento así. Yo igual sé que entendió.

Por ahí un día las cosas cambien.

viernes, 17 de enero de 2014

Tips para besar bien (o no tan mal)

Yo siempre pienso que besar aceptablemente no es una ciencia compleja, no obstante, ¿ a quién no le ha tocado cruzarse con algún engendro de esta práctica? Por eso, para producirle un bien a la humanidad, dejo algunos consejos sobre qué NO hacer. Si nos abstenemos de ciertos detallitos desagradables, sin mucho más esfuerzo podemos pasarla mejor todos.

Primero en principal, básico, entendámoslo, no es necesario lustrarle el esófago al otro. Si quiero una endoscopía voy al médico, no recurro a vos. Sería muy interesante minímamente poder respirar mientras nos besamos, más si va a ser por un rato. Además, por lo general, dicha situación genera que una tenga que abrir demasiado la boca, porque pareciera que el otro quiere meter su cabeza entera para poder llegar más profundo y eso, gente, es muy incómodo. No quisiera descolocarme la mandíbula por esto, no lo vale ni un beso con Keira Knightley. En contraposición tenemos al "lengua escasa", aquella persona que es muy del beso de labios, bueno, no la metas toda pero tampoco nada (queda medio porno la frase, ya lo sé), y tampoco sólo la puntita. También podría llamarse "lengua tímida".
En otro orden tenemos a las personas que creen que besar es comerle la cara al otro. No, lo que tiene que estar dentro de tu boca es mi lengua, no mi nariz. No es necesario que toda mi cara quede con tu olor a saliva. No sólo no es necesario, es desagradable.
Luego, hay algo que a mí me molesta bastante pero no sé si es cosa de todos: el ruidito constante. ¿Hace falta el chuick chuick permanente?¿No es posible besarnos en silencio? que se te escape uno cada tanto bueno, ¿pero todo el tiempo? Intolerancia mode on.
Por último, esta es una categoría que no tengo desarrollada porque o no me tocó o no lo recuerdo (por suerte), pero que me la comentó Mimí, "los buceadores de lengua", que en palabras de ella es como un "¿qué estás buscando?". Gente, la lengua está ahí, corta la bocha.

Bueno esto es lo que me viene a la cabeza hasta ahora. Como todo en la vida, se trata de los grises, ni muy muy, ni tan tan.

Seamos mejores personas, evitemos el secamiento.