lunes, 27 de mayo de 2013

La magia de Elsa Bornemann

Todavía no se me pasa la tristeza por su muerte. Me pregunté en un momento porqué me pegó tanto. La respuesta es sencilla, creo. Sus cuentos para mí tienen un valor indescriptible, son un pilar de mi infancia. Los amaba, simplemente los amaba. Me acompañaban y me trasladaban a otro mundo, es decir, eso que hace maravillosamente la buena literatura. Creo que leí incontables veces ese libro espectacular que era "Queridos monstruos" y siempre me inquietaba y me dejaba con la misma sensación que la primera vez.
Pero la vida tiene eso, y es que las personas que admiramos no pueden estar para siempre, pero sí aquello que nos dejan, eso siempre podemos llevarlo con nosotros.
Hoy les comparto aquel cuento que fue censurado por la dictadura (y que le valió el pasar a ser una más de la lista de autores prohibidos) que, como todos sabemos, no sólo se ocupó de matar gente a diestra y siniestra, sino que, no contentos con eso, trataron de sepultar las cosas más hermosas que tenemos. Por suerte no lo consiguieron, y nadie lo conseguirá jamás.


Un elefante ocupa mucho espacio
Elsa Bornemann


Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un
elefante de circo, se decidió una vez a pensar "en elefante", esto es, a tener
una idea tan enorme como su cuerpo... ah... eso algunos no lo saben, y por
eso se los cuento:
Verano. Los domadores dormían en sus carromatos, alineados a un costado
de la gran carpa. Los animales velaban desconcertados. No era para menos:
cinco minutos antes el loro había volado de jaula en jaula comunicándoles la
inquietante noticia. El elefante había declarado huelga general y proponía
que ninguno actuara en la función del día siguiente.
- ¿Te has vuelto loco, Víctor? - le preguntó el león, asomando el hocico por
entre los barrotes de su jaula - ¿Cómo te atreves a ordenar algo semejante
sin haberme consultado? ¡El rey de los animales soy yo!
La risita del elefante se desparramó como papel picado en la oscuridad de la
noche:
- Ja. El rey de los animales es el hombre, compañero. Y sobre todo aquí, tan
lejos de nuestras selvas...
- ¿De qué te quejas, Víctor? - interrumpió un osito, gritando desde su
encierro - ¿No son acaso los hombres los que nos dan techo y comida?
- Tú has nacido bajo la lona del circo... - le contestó Víctor dulcemente - La
esposa del criador te crió con mamadera... Solamente conoces el país de los
hombres y no puedes entender, aún, la alegría de la libertad...
- ¿Se puede saber para qué hacemos huelga? - gruñó la foca, coleteando
nerviosa de aquí para allá.- ¡Al fin una buena pregunta! - exclamó Víctor, entusiasmado, y ahí nomás
les explicó a sus compañeros que ellos eran presos... que trabajaban para
que el dueño del circo se llenara los bolsillos de dinero... que eran obligados
a ejecutar ridículas pruebas para divertir a la gente... que se los forzaba a
imitar a los hombres... que no debían soportar más humillaciones y que
patatín y que patatán. (Y que patatín fue el consejo de hacer entender a los
hombres que los animales querían volver a ser libres... Y que patatán fue la
orden de huelga general...)
- Bah... Pamplinas... - se burló el león - ¿Cómo piensas comunicarte con los
hombres? ¿Acaso alguno de nosotros habla su idioma?
- Sí - aseguró Víctor - El loro será nuestro intérprete - y enroscando la
trompa en los barrotes de su jaula, los dobló sin dificultad y salió afuera.
Enseguida, abrió una tras otra las jaulas de sus compañeros.
Al rato, todos retozaban en los carromatos. ¡Hasta el león!
Los primeros rayos de sol picaban como abejas zumbadoras sobre las pieles
de los animales cuando el dueño del circo se desperezó ante la ventana de
su casa rodante. El calor parecía cortar el aire en infinidad de líneas
anaranjadas... (los animales nunca supieron si fue por eso que el dueño del
circo pidió socorro y después se desmayó, apenas pisó el césped...)
De inmediato, los domadores aparecieron en su auxilio:
- ¡Los animales están sueltos! - gritaron a coro, antes de correr en
busca de sus látigos.
- ¡Pues ahora los usarán para espantarnos las moscas! - les comunicó el
loro no bien los domadores los rodearon, dispuestos a encerrarlos
nuevamente.
- ¡Ya no vamos a trabajar en el circo! ¡Huelga general, decretada por
nuestro delegado, el elefante!- ¿Qué disparate es este? ¡A las jaulas!
Y los látigos silbadores ondularon amenazadoramente.
- ¡Ustedes a las jaulas! - gruñeron los orangutanes. Y allí mismo se
lanzaron sobre ellos y los encerraron. Pataleando furioso, el dueño del
circo fue el que más resistencia opuso. Por fin, también él miraba correr el
tiempo detrás de los barrotes.
La gente que esa tarde se aglomeró delante de las boleterías, las
encontró cerradas por grandes carteles que anunciaban: CIRCO TOMADO
POR LOS TRABAJADORES. HUELGA GENERAL DE ANIMALES.
Entretanto, Víctor y sus compañeros trataban de adiestrar a los hombres:
- ¡Caminen en cuatro patas y luego salten a través de estos aros de
fuego! ¡Mantengan el equilibrio apoyados sobre sus cabezas!
- ¡No usen las manos para comer! ¡Rebuznen! ¡Maúllen! ¡Ladren!
¡Rujan!
- ¡BASTA, POR FAVOR, BASTA! - gimió el dueño del circo al concluir su
vuelta número doscientos alrededor de la carpa, caminando sobre las
mano - ¡Nos damos por vencidos! ¿Qué quieren?
El loro carraspeó, tosió, tomó unos sorbitos de agua y pronunció entonces
el discurso que le había enseñado el elefante:
- ..Con que esto no, y eso tampoco, y aquello nunca más, y no es justo,
y que patatín y que patatán... porque... o nos envían de regreso a
nuestras selvas... o inauguramos el primer circo de hombres
animalizados, para diversión de todos los gatos y perros del
vecindario. He dicho.
Las cámaras de televisión transmitieron un espectáculo insólito aquel
fin de semana: en el aeropuerto, cada uno portando su
correspondiente pasaje en los dientes (o sujeto en el pico en el casodel loro), todos los animales se ubicaron en orden frente a la puerta de
embarque con destino al África.
Claro que el dueño del circo tuvo que contratar dos aviones: en uno
viajaron los tigres, el león, los orangutanes, la foca, el osito y el loro. El
otro fue totalmente utilizado por Víctor... porque todos sabemos que un
elefante ocupa mucho, mucho espacio...


jueves, 7 de marzo de 2013

Cuando te llega la madurez


Te das cuenta que estás en tu adultez cuando pasan las siguientes cosas:

-ves gente de 19 años y decís, con ternura, "ay pero son re chiquitos"
-te empiezan a molestar los boliches y decís cosas como "loco porqué está tan encerrado acá", "hay mucho humo", "¡¡¡¡PAREN DE EMPUJARME!!!!", "ay, por favor, hace demasiado calor"
-en un acceso de juventud te pegás un pedo histórico pero, gracias a eso, tenés que faltar al laburo al día siguiente porque tu anciano cuerpo ya no resiste la resaca
-te juntás a merendar con amigas. Algunas, peores que una, se refieren a eso como "tomar el té"
-te juntás a comer un viernes por la noche y, volviendo a las tres de la mañana, una dice "che re aguantamos hoy, hace mucho no nos quedábamos hasta tan tarde"
-te tomás bastante en serio el orden de tu casa
-le das consejos de vida a tus amigas más chicas
-te vas a lo de tu vieja en San Antonio de Areco (o sea, pueblo) para relajarte. Encima, tu madre, persona cercana a los sesenta, te propone ir a ver qué onda el carnaval, vos, de veinticuatro años, le decís "la verdad prefiero quedarme, porque si vengo acá es para estar en casa tranqui y descansar, de última para ver gente tengo Capital"
-tomás vino en vez de cerveza, porque es más rico, claro, pero también porque la cerveza te hincha y te da dolor de cabeza
-te encontrás estrías
-te encontrás celulitis (gracias al cielo eso a mí todavía no me pasa)


Bueno por ahora tengo esto pero estoy segura de que me irán surgiendo cada vez más hechos que denotan nuestra incipiente vejez. Tratemos de no deprimirnos, todavía somos jóvenes para gran parte de la población, por ejemplo, nuestros padres.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Lo que no queremos más

Pasaron unos días, sí, pero no por eso el tema deja de tener vigencia. Desde el martes a la noche no pude sentarme detenidamente a escribir algo sobre todo lo que pasó. Pero más vale tarde que nunca. Hoy escribo con seriedad, hoy escribo de algo que no tiene ni una veta que me permita hablar con sorna.
Esta semana fue de luto para los que todavía tenemos un poco de humanidad. Para, por suerte, un gran porcentaje de la población fue algo emocionalmente duro. A la mayoría no nos tocó de cerca porque, gracias a esas cosas del destino, no tenemos familiares secuestradas. Pero el dolor se siente igual. El dolor de ver que en nuestro país desaparecen chicas para ser obligadas a prostituirse, a drogarse y quién sabe cuántas cosas más. Es terrible. Es terrible que hoy en día la esclavitud siga existiendo. No aprendimos nada. Nada. Tenemos redes enmarañadas de poder que permiten que tal cosa funcione con total impunidad. Policías, jueces, políticos cómplices o directamente involucrados. Todo ocurre bajo su mirada. Los proxenetas son protegidos. Proxenetas que un día deciden que una persona no merece ser libre y disfrutar su vida y la secuestran para disponer de ella. Este negocio asqueroso es lo más bajo que puede existir. Ni siquiera tengo palabras para definirlo. No puedo concebir tal nivel de sadismo y repugnancia. Y hay gente que lo consume. Hay gente que sabe que está violando a chicas (chicas que van desde los doce años) y no le importa.

Tenemos una  justicia cómplice que este martes a la noche mostró que fuimos unos imbéciles en tener una mínima confianza.  Fue como un escupitajo en la cara. Diez años de lucha de una mujer por encontrar su hija. Una mujer que dio todo, que dejó su alma y la deja día a día en una búsqueda incansable por respuestas. Una mujer que en su lucha liberó muchas mujeres que habían sido arrancadas de su hogar. Todo para nada. Todo para que diez años después le digan que no hay prueba suficiente para encarcelar a la línea más baja de responsabilidades (porque no nos olvidemos que los imputados eran los más giles, la cosa va mucho más arriba,  a esos que nunca toca nadie). Ni un día, ni un día de cárcel para ninguno. Ahí están, como si no fueran responsables de nada. Si en diez años no se pudo encontrar UNA cosa suficiente, UN responsable, ni UNO, las cosas están muy mal. Ningún testigo sirve, ningún testimonio alcanza, ni toda la policía y funcionarios del mundo son suficientes para encontrar culpables. Nada. La nada misma. Sinceramente admiro con profundidad la lucha de esta madre, que pese a este cachetazo con olor a podredumbre, sigue teniendo esperanzas, sigue reclamando, y sigue haciendo lo mejor que puede hacer, insistir.

Ese martes todos nos fuimos a dormir con un gusto amargo en la boca y nos despertamos descorazonados.Pero eso sí, con una certeza. En esto todos estamos juntos para apoyar la lucha de ésta y tantas otras madres. Eso fue lo único positivo, que surgió una necesidad social de repudiar tan vergonzoso fallo. Que sentimos la necesidad de mostrar de alguna manera que nosotros no queremos seguir pasando por estúpidos, que queremos un Estado presente, que desarticule de una vez por todas esta vergüenza nacional que es la trata de personas. Que queremos tener una policía que no sea una mafia, o no tenerla del todo y punto. Que queremos políticos y funcionarios honestos, que no se dejen comprar ni con todos los millones que puede dar la mierda de negocio que es esto.
Queremos que dejen de desaparecer personas. Queremos justicia. Queremos terminar con la impunidad. Queremos que no haya una sola madre más que tenga que pasar por el calvario que está pasando Susana Trimarco. Queremos que ninguna chica pase por lo que habrá pasado Marita Verón. Queremos ser libres. Queremos ser respetados. Queremos ser.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Como para no perder la costumbre

Yo en una época pensaba que mi torpeza podía ser un defecto superable. En los últimos meses descubrí que lo mío no tiene vuelta atrás, siempre voy a ser un ser sumamente ridículo. Repasemos los hechos destacables del último tiempo para fundamentar mi tesis. Todas las situaciones ocurrieron en mi oficina, desde ya.

-toma 1:  se me cae la birome. Digo "uy que fiaca levantarme de la silla para agacharme a agarrarla". Solución: estirarme desde la silla hacia el piso para levantarla. Nótese, era una silla con rueditas. Conclusión: en pleno esfuerzo la silla se corre para atrás y me caigo al piso.  Obviamente un compañero me vio.
-toma 2: un compañero me regala un café, o sea, vasito de plástico en mi escritorio. CRASO ERROR. Obviamente, en un momento me levanto enfáticamente y agarro algo.  En ese movimiento vuelco todo el café encima mío, esto es, en mi remera blanca y en mis pantalones (oscuros, por suerte). Por supuesto que esto fue a la mañana por lo que me esperaba un día completo de tener la ropa sucia. Para peor, fue un jueves, día que curso hasta las nueve (voy a la facultad directo desde el trabajo).  El efecto colateral, además, fue tener que estar todo el día con suetercito para que no se viera la tremenda mancha marrón en mi remera.
-toma 3: jueves otra vez. Me dije "esta vez minga que me pasa lo mismo" y tuve un cuidado excesivo con mi café. Pero claro, no contaba con mi pelotudez nata. Estoy almorzando en mi escritorio y no me percato de que el plato queda un poco fuera del escritorio. Pasó lo obvio, hice presión del lado que no estaba apoyado y el plato cayó encima de mi remera y pantalón. Otra vez remera blanca, sí.  Es necesario destacar que recién empezaba a comer, por lo tanto el plato estaba lleno y encima era bife con tomate. Esta vez era insalvable asique tuve que volver a casa a cambiarme para poder ir a la facultad. Fue uno de esos momentos en los que te das cuenta que perdiste la poca, mínima, dignidad que aún te quedaba.

Lo positivo fue que de las situaciones dos y tres no hubo testigos, milagrosamente en esos momentos había poca gente o nadie estaba atento.


Por supuesto que el jueves siguiente, completamente resignada frente a mi discapacidad motriz, decidí llevar una remera de repuesto para cambiarme. Ni necesito decir que ese día no me pasó nada ¿no?





viernes, 5 de octubre de 2012

Hola ridiculez

El viernes pasado fui a la psicóloga después de dos años.  Era de esperarse que no iba a ser una sesión normal, de persona coherente. También hubo cuestiones ambientales que colaboraron con mi ridiculez y torpeza nata para generar una situación absurda, como casi todas las que me involucran.
A la mitad de la sesión se empiezan a escuchar maullidos. Los primeros los ignoramos, pero siguieron. Como era ineludible, le digo a mi psicóloga:
-¿Ese gato es tuyo?-. Me dice:
-Sí, no sé que le pasa, nunca se pone así-. Como seguía, no quedó otra que irla a buscar. Sale una gatita blanca, hermosa. Le pregunto:
-¿Cuánto tiene?. -
-No, como cinco años pero se ve como que como la castré de muy chiquita quedó enana.-
Bueno, la cosa siguió normal, con la gata dando vueltas. En eso, estoy jugando con uno de mis anillos, como siempre, y se me cae al piso. Automáticamente pensé "por favor que no se haya ido debajo del sillón", porque ahí era donde estaba sentada. Obviamente, sí, con esa puntería que me caracteriza para la cagada, el anillo había caído debajo. Se ve que Romina me vio la cara, porque me dijo:
-No me digas que se te cayó debajo del sillón-
-Desgraciadamente, sí.-
Secuencia siguiente, yo agachada mirando debajo del sillón y Romina al lado.
-Ya lo vi, pero no alcanzo a agarrarlo.-
Como estaba cerca del extremo, Romina se pone a correr el sillón. Sí, primera sesión después de dos años y mis psicóloga se tiene que poner a correr un mueble porque a la boluda de su paciente se le cayó un anillo. Finalmente conseguimos agarrarlo. Pero ahí no terminaba la cosa, Romina corre el sillón de nuevo con la mala suerte de que la gata se había metido detrás y la aplastó. Nada grave, pero la gata chilló y salió rajando. Seguimos la sesión.
Al rato, la gata quiso salir al balcón y empezó a golpear el vidrio con la patita, así unos minutos hasta que, resignada, Romina se levantó a abrirle para poder hablar los diez minutos que nos quedaban de sesión.

lunes, 20 de agosto de 2012

Escritura 2.0

Si la tecnología no me supera (cosa harto probable) hoy voy a inagurar la posibilidad de postear en mi blog desde mi súper fashion celular (?). Hoy bajé esta linda aplicación que me permite ingresar a mi blog tan fácil como al tuiter. Como verán no tengo absolutamente nada relevante que postear, prometo mejorar para la próxima actualización.

martes, 7 de agosto de 2012

Loser like me

Ser loser es ineludible para algunos. O ser un aparato, lo que para mí es lo más parecido a loser en criollo. Porque perdedor no sé, tiene otra connotación. Imaginate una vida de eso, o sea, de sentirte una aparata total. Ya es algo que se lleva dentro, pero puede potenciarse por factores externos, que tal vez puedan parecer banales pero colaboran a la totalidad. Ejemplos: zapatos ortopédicos, anteojos, aparatos (o brackets). Ahora imaginate anteojos y aparatos, todo junto, a tus veintitrés. Oh sí, mandá corky al 2020 y recibí una foto de Lucía en tu celular!. Y tampoco es que mi aspecto de nerd sea coherente con el desempeño académico. Sí, me va bien, pero estoy lejos de ser una nerd con todas las letras. Mis nueves y diez son escasos. Lo más de nerd que tengo es mi obsesión gramsciana.
Ojo al piojo, uno pensaría que, por ejemplo, si te ponés en pareja ya no sos tan loser. No no, seguís siendo un loser pero en pareja, tal vez un poco matizado, pero en el fondo uno sabe que aunque haya tenido sus momentos de winner, sus levantes interesantes, siempre, siempre, va a ser un goma que le gustan los dinosaurios y se desespera por ver la última de Batman.